Faatir y Enzra

 

Illustrations based on a short story of their own.

Faatir y Enzra eran buenos amigos. Muchos en la sabana no lo entendían. ¿Cómo podían ir juntos? ¿Ser amigos? No tenían el mismo color, no tenían el mismo tipo de pelo, ni siquiera andaban igual.
−Una noche mientras duermes, te comerá −le decían a Faatir.
−Una noche mientras duernas, te matará −le decían a Enzra.
Para ellos no hacían caso de esos comentarios. Ellos no se fijaban en lo que les diferenciaba, sino en lo que les acercaba. Ambos tenían dos orejas, ambos querían jugar juntos, confiaban en el otro, pero si… ¡hasta los dos tenían manchas en la cara!
Y así se pasaban las horas, juntos. Les encantaba jugar al escondite, sobre todo a Faatir, que se escondía entre los arbustos. Mientras, Eznra miraba hacia otro lado, hacía que no lo veía. A veces no lo veía, pero lo olía. Siempre lo olía.
−Quizá si se baña no olerá tanto u el juego será más justo −pensó Enzra.
Y un día, mientras jugaban cerca de la charca entre saltos, corredizas y algún que otro arañazo Enzra tiró al agua a Faatir. Este al principio pensó que el juego seguiría en el agua pero su amigo simplemente se limitó a mirarlo mientras movía el hocico.
Enzra no tenía ninguna intención de meterse en el agua, no era él quién apestaba a humano y además, no le gustaba nada el agua. Después de todo era un gato, un gato muy grande, pero a un gato al fin y al cabo no eran famosos por su amor al agua.
El Sol empezaba a ponerse y ambos estaban tan cansados de correr y jugar el día que se tumbaron un rato. Los ojos de ambos empezaron a ser más y más pesados y, poco a poco, se fueron acurrucando para combatir el frío que empezaba a apoderarse del desierto. Faatir se acercó y abrazó a su amigo. Una suave brisa llevó de nuevo ese olor a la nariz de Enzra, el baño no había servido de nada, seguía apestando pero no pasaba nada, le gustaba, miraría hacia otro lado cuando jugaran al escondite mañana.

 

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